
Quiero creer que el “Bosque flotante” es, en realidad, el error de un deseo que no debió ocurrir. Una cadena de bits que se ha convertido en un críptico mesmerismo, trazando una ruta indescifrable como las raíces de un árbol que crece en la penuria de la sombra y que, pese a la oscuridad, se ha mantenido de pie aunque curvo e imperfecto.
En un mundo de infinitos matices, un bosque de dos colores (luz y sombra, vida y muerte, 1 y 0) crea también mil caminos hacia densos parajes o lagos cristalinos y tranquilos.
Algunas letras escritas por un ser humano.
Desde el envés,
Arturo.